Carta de Pepe el gallego (I)
bercimuel.com 06 de May de 2007

Para el que nunca haya vivido en este maravilloso lugar, resultaría paradójico leer o escuchar que algunas personas en este pueblecito segoviano han pasado los días más felices de su vida. Mi infancia y mi, posterior, evolución como ser humano están ligados al paisaje, lugares y personas, algunas ya desparecidas, que han influido en mi persona y en mi vida.Yo llegué al pueblo de una forma accidental a finales de los 40, ya que una enfermedad, mas fruto de las carencias alimenticias en las grandes ciudades, cartilla del racionamiento, etc. que de otra causa accidental. No tenia ni 300 vecinos, aunque si muchos machos, mulas, ovejas, vacas y algunos caballos mas rocines flacos quijotescos que esplendidos alazanes, allí los caballos tiraban del carro. Salvo los briosos corceles del paradista, el padre de Víctor, Eugenio o Aguedita, era un espectáculo ver a los sementales cuando los paseaba a “darles agua” al pilón de la fuente.
Llegué como todo el mundo llegaba a Bercimuel, en La Rápida, fotingo destartalado que salía de al lado el Acueducto y recorría toda la línea, pasando por La Matilla, la Velilla, Sepúlveda, Boceguillas, la parada de Grajera, Pajarejos, Bercimuel hasta más allá del Pantano, en Maderuelo. Al parar el coche, ya vi a mi tío Ceferino, el médico, junto a Manola Siguero, nuestra fiel doméstica y, a su lado D. Augusto, el veterinario, muy cerca de ellos se encontraba Zoilo, el cartero, esperando el correo, por cierto, gran cazador a la espera que sabia el surco donde estaba la liebre acostada, y yo creo que salía con su escopeta, sin perro, y con un solo cartucho, no necesitaba mas. Lo hacia sobre el atardecer, cuando Ángel, el Guarda, no se encontraba al acecho, ya que se había convertido en una obsesión “cazar” a Zoilo. Ahora, después de tantos años he averiguado la costumbre del cartero por ir a esas horas, ya que desde luego no era por que la liebre dormía ¡qué va! Es que Ángel en esos momentos echaba la partida diaria de ajedrez con mi tío y era tal la competencia que nunca faltaba a a la cita. Recuerdo que más de una vez se oía un escopetazo y mi tío con sorna decía: Ángel, una menos, mañana comen liebre en la casa de Zoilo.
Mi primera casa era alquilada a Antonio, el hijo del Sr. Marianín, que luego fue Alcalde del pueblo, y estaba situada al final de la calle lateral a la derecha del frontón, casi frente a la de los Siguero .Tenia un gran portalón que daba a un patio bastante grande, con varios cobertizos para la leña y el garaje del coche de mi tío, una antigualla del 19 ,descapotable Citröen 6 CV., ¡matrícula de dos cifras de Segovia!. Tenía cuadra muy amplia en un lateral de la casa, donde una yegua blanca llamada Bonita pasó buenos días y, por que no decirlo, también se utilizaba como retrete.¡Qué tiempos! Entonces se decía “para hacer de cuerpo”.
No tardé mucho tiempo en hacer amigos. Al día siguiente me presentaron al Sr. Emilio el panadero, y este dió una voz desde la puerta de la panadería, que también era teléfonos, llamó a Antonio, el hijo de la Sra. Victoria y salió un rubianco con una media sonrisa en la cara, y con apariencia de ser mas listo que una ardilla. El Sr. Emilio me lo presentó y desde ese momento fue para mi el Avutoño o Avutardo y yo para él, Pepe el Gallego. Seguro que cuando bajé de La Rápida ya medio pueblo sabia de mi presencia, procedencia y demás currículum.
Ya ese día me presentó a Sote el hijo de Valentín, el sastre, a Diocle, el hijo del Señor Santamaría y a Santiago el hijo de Zoilo. Yo creo que en ese momento nació una temible banda de forajidos pueblerinos que durante varios años fueron el terror de perros, gatos y gallinas y que colmaron en más de una ocasión la paciencia del entonces maestro Don Fausto.
Formada de esta forma la panda, dejo para otras ocasiones rememorar mis felices andanzas en Bercimuel. Hasta pronto. Pepe el gallego. Por cierto a Antonio le llamaban, también, el Gurriato.
José Fernando de la Fuente’, 9, 199, 7, ‘luis








